Cada año, el 6 de diciembre, la tradición de San Nicolás ilumina Alsacia, aportando un toque único a las festividades de fin de año. A diferencia del Viejito Pascuero, este personaje ancestral no atraviesa el cielo en trineo, sino que llega con su fiel asno, cargado de regalos para los niños buenos.
Una historia que se remonta a la Edad Media
En Alsacia, la fiesta de San Nicolás tiene raíces profundas. Ya en la Edad Media, los habitantes celebraban a este santo protector de los niños. De hecho, es de este personaje de donde nació el mercado de Navidad de Estrasburgo. El 5 de diciembre, los padres compraban regalos para deslizarlos discretamente en los zapatos de los niños, perpetuando una tradición que continúa hasta hoy.

San Nicolás y el Viejito Pascuero: dos figuras, un mismo espíritu
San Nicolás, reconocible por su larga túnica y su mitra de obispo, contrasta con el bonachón vestido de rojo con botas de pelaje. Si el Viejito Pascuero es universalmente conocido, San Nicolás sigue siendo una figura imprescindible en ciertas regiones de Europa, particularmente en Alsacia. Se le distingue no solo por su apariencia, sino también por sus leyendas.
El acompañamiento de Hans Trapp, el padre de las varas alsaciano
Durante los desfiles, San Nicolás nunca está solo. Está acompañado de Hans Trapp, la versión alsaciana del padre de las varas. Este personaje sombrío, vestido con pieles de animales, encarna el lado punitivo de la fiesta. Hans Trapp nació de la historia real de Hans von Trotha, un señor medieval que sembró el terror alrededor de Wissembourg. Sus cadenas y su látigo recuerdan a los niños que deben ser buenos, bajo la amenaza de ser llevados.
La influencia de San Nicolás más allá de Alsacia
Aunque San Nicolás está profundamente arraigado en la cultura alsaciana, su leyenda supera fronteras. En Lorena, también es venerado, especialmente en la basílica de San Nicolás de Puerto, que conserva una valiosa reliquia del santo. Pero su influencia se extiende aún más lejos, hasta Suiza, los Países Bajos y Alemania.
Dulces imprescindibles: el pan de especias y los manneles
Ninguna fiesta de San Nicolás está completa sin sus panes de especias y sus manneles, esos bollos en forma de hombrecito que deleitan a grandes y pequeños. Estos manjares, antes simples naranjas y pasteles de miel, simbolizan hoy la dulzura y la generosidad de este período festivo.
Un protector con múltiples leyendas
San Nicolás es conocido por sus numerosos milagros. Entre los más célebres, el de los tres niños salvados del carnicero permanece grabado en la memoria. Otra historia cuenta cómo salvó a tres jóvenes de la miseria ofreciéndoles bolsas de oro, permitiendo así su matrimonio.
Entre cielo y tierra: el dualismo de la fiesta
San Nicolás y Hans Trapp forman un dúo emblemático que ilustra la eterna dualidad entre el bien y el mal. Mientras que San Nicolás simboliza la luz y la bondad, Hans Trapp recuerda las faltas de la humanidad. En Alsacia, esta dualidad también está personificada por el Christkindel, figura angélica a veces asociada con San Nicolás.
La fiesta de San Nicolás sigue viviendo a través de los siglos, recordando a todos la importancia de los valores de compartir y de bondad. Un evento imprescindible que, cada 6 de diciembre, nos sumerge en el corazón de las tradiciones alsacianas.